El imperio inka

ceremonial) o probablemente preínca (maderos para hacer fuego, cerámica de señoríos altiplánicos preínca). Hasta el siglo XX, frente a las sequías extremas, la gente de tierras altas bajaba hasta el mar, con el solo fin de traer agua de mar para ofrendarla al cerro tutelar; tanto esta ofrenda, como la chicha prehispánica, prácticamente no deja huellas. De acuerdo con las peticiones, se les podía ofrendar ocasionalmente plumas de parina, pero habitualmente la ofrenda más generalizada era alcohol que se asperjaba hacia los cerros mientras se los nombraba; y también hojas de coca, a través del «convido», acto en el cual el oferente le ofrenda primero a los cerros en el acto de invocación y luego se convida a sí mismo, ritual que puede durar bastante de acuerdo al número de

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