El imperio inka
de las ovejas, entre otras (Flores Ochoa, 1976; ver Allen, 1998, p. 24). Este complejo campo semántico está probablemente centrado en el concepto de la luz (sol durante el día, rayos durante la noche) como un poder vivificador y una forma de energía muy especial. Los rituales relacionados con la regeneración del Sol establecen un paralelo con el ritual de la muerte del inca (ver los mencionados fardos del dios solar en el Coricancha). El Sol se sumerge en el mar para renacer la mañana siguiente, trayendo el agua subterránea al mundo. El inca muerto y sus ancestros aparentemente lo acompañan en su viaje y renacen también, como el ídolo dorado en el Templo del Sol descrito como un niño, pero también como una imagen del
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