El imperio inka

de Machu Picchu muestran que la aparentemente plana sección de tierra sobre la que está construido fue en realidad creada intencionalmente (Wright & Valencia Zegarra, 2000). Las terrazas que suben por las laderas de la empinada pendiente —como se ve, por ejemplo, en la figura 13.9— fueron también el producto de cuidadosa planificación y construcción. Aunque solo las excavaciones podrán evidenciar cómo es que esta construcción revela una comprensión de los requerimientos de drenaje que esta implicaba (Wright & Valencia Zegarra, 2000); una mirada superficial a las terrazas basta para mostrar que su ubicación precaria debe haber hecho de su construcción una tarea peligrosa.

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