El imperio inka
delegando la demanda de trabajadores a sus seguidores y luego a través de los gobernantes indígenas de los trabajadores (caciques). Ordenó a los orejones ir por todas las tierras y reunir a todos los caciques con su gente en la ciudad del Cusco, que sumaron veinte mil personas (Betanzos, 1996[1551- 1557], primera parte, cap. XXXVIII, p. 159).
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