El imperio inka
tuvieron fincas en el valle del Urubamba, al norte de Cuzco. Además de la importancia de estas propiedades en la conmemoración de importantes campañas militares (especialmente en el caso de los asentamientos de Pachacútec, ver Rowe, 1990), estaban ubicadas en un valle mucho más cálido y húmero que la capital incaica. Con la creación de las terrazas y obras de riego, las fincas del valle del Urubamba eran lugares especialmente adecuados para el cultivo del maíz, producto que se disfrutaba tanto como alimento como en forma de cerveza. No tenemos cifras de producción contemporáneas para los territorios de las fincas, pero sí evidencia indirecta de que la cantidad de bienes producidos era sustancial. Por ejemplo, los sistemas de
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