El imperio inka
reveló no solo la persistencia hasta el día de hoy del culto a las montañas, sino que, incluso de manera más importante, nos ofrece valiosas perspectivas sobre la importancia de las cimas andinas y de cómo su veneración relaciona al culto de los antepasados en tres niveles de sacralidad ascendente entre los habitantes tradicionales del Loa Superior. Su concepción de estos picos y de su fuerza vital afecta su existencia diaria y su interacción con las montañas. La colaboración entre arqueología y etnografía también nos ofrece ideas estimulantes sobre el «papel protagónico de los niños en las ceremonias de capacocha como un antecedente que contribuye a explicar la importancia de la participación infantil actual en distintos roles religiosos de los Andes».
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