El imperio inka

aprendieran ese estilo de construcción para hacer lo mismo en Cusco (Cobo, 1964 [1653], p. 82). Lo más importante aquí no es si las paredes del Cuzco fueron realmente una copia de lo que el inca vio en Tiahuanaco, sino, más bien, la su afirmación del cronista de que esto fue lo que Pachacútec ordenó e hizo. Y aunque uno puede, por supuesto, constatar que existen ciertas similitudes vagas entre las ruinas de Tiahuanaco y las construcciones incaicas (por ejemplo, la precisión con que encajan las piedras entre sí), lo crucial aquí es la afirmación de que dicha conexión histórica existe. El pasado mítico, representado por las ruinas de un lugar sagrado, se entiende como generativo de lo que los incas construyeron en el presente. El estilo de

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