El Huallaga : semanario político, literario y religioso.

ce so >erttnía de si misad, forma el carácter sencial que le distingue de los brutos . los j sometidos á la fatalidad y llev1_tdos por y no I ella en la esfera de su ex1stencrn ciega, para ellos I del mü;mo modo que los cuerpos celesk ta v.. oiucion tes en sus órbitas rigurosamente determinadas. l. Ningun hombre puede enagenar lo qncde han ,l1ého, su soberanía, por que no puede abdi- :tn comparado. car su naturaleza ó cesar do ser homqno tú eres un reb111"'ío,- .Y hrn; y de la soberanía de cada indiviores <le él: tú, la res, y allos, duo naco eh la sociedad la soberanía A elhi pues pertent::ce tu•la,. colectiYa de todos, ó la soberanía del e, tu carne. ApaciéntaGe ba- pueblo, que t:S igualmente Ír;:3,{iena- " avo, y multiplica, para calen- ble. rembros, apagar su sed, sacia1 Cuando la simpatía, une á los hombre. bres, y la utilidad recíproca establece l.! fümo han dicho que la potestad entre ellos una asociacion de socorro ., ·t, l!~ de un padre sobre sus hi- mutuo y de trabajo comun, ¿ de quién JOS si0mp~·e menores, siempre en tute- clepedería semejante asociacion, sino la. Por consiguiente sin libertad y sin únicamente de ella misma? -Se hace U. -Petil si no le con -Co~que no le conoce y dó á U. vicnifo. -Vaya pues, ¡esta si es buena! -Sí, liágase U. la tonta, ¿con qué no le conoce U? -Te digo que no Ir. conozco. -?Y entóncos, qué tenia que mirar? -Lo daría su gnna. -Yo lo sabré ensellar rí U. á ser señora. -Hombre fno faltaba 1.J1as! Y 'tra qué me sacas á la calle, qui1e.J jv ¡;or ventura salir? -Y yo la saco á U. para que la miren? -Pon tapa-ojos á todo el mundo ¿qué culpa tendré yo en que miren? -Y mucho que le gusta á U. -Vamos, déjeme en paz ...... y otra vez no me exijas que salga. .. * propiedad, el pueblo, eternamente inéa- Todos llevan á ella derechos iguales paz de razon, inca:riaz de juzgar lo que con facultades desiguales y aptitudPs * Je es bueno 6 malo, útil ó nocivo, vive diversas. Sus relaciones, fundadas en Un Domingo. tm una dependencia absoluta del prín- el invencieble instinto que los arrastra -Fulge!:!.cio, llévame á la Exposicipe, quien dispone de él y de todas á unirse y en las ventajas de esta union, cion, hay un concierto. cosas segun le agrada. Esto es tambien depende dern libre consentimiento y de -Tengo que hacer. servidumbre y miseria. las reglas que ellos mismos se impo- -Mira, llévame. Algunos no reconocen mas 'l11e la nen. Nadie puede empeñarse contra su -Te digo que tengo que hacer. fu rza por árbitro de la sociedB,d; al voluntad; y cuando la voluntad comun -Llévame. mas fuerte el po er, al mas fuerte el de unirse con ciertas condiciones ha -Y de donde acá tanto afan? por derecho. Pobre pud,lo, te atropeJlan, creado el pueblo, la voluntad del pt~e- algo querrá U. ir á la Exposicion. te oprimen· tal es l,t suerte del flaco· blo, ó la voluntad general ele la socie- -De manera que una no puede de- ¿y de que t~ quejar,? En tu cándid~ dad, en lo que_ no ofende el órd:n ~~- sear distraerse. simplicidad, pides lÍ. la tiranía sus títu- ral esencial é mmntable, ó la ¡usticia -Y por distraerse ta~to afan?........ . Jos. ¿No los -ves tú quizás por todas y ]a caridad, c?n~tituye la ley. Po~· eso -B~10no pues, ya no iré. . partes? ¿No ves tú esas bayonetas que leJOS ~e ~~stnur o de alterar la hber- -Si, como que yo me chupo el de- .relucen al sol, y esos cañones apunta- tad pnm1tiva, la ley no es I.J?-ªS que ~1 do........ . dos en las plazas públicas. · ejercicio mismo de esta libertad, di- He allí el mando celoso. Otros han imaginado que el poder rígido hácia un fin útil á todos por la * * * pertenecía de derecho A algunas razas razo_n de todos.. . , . . -Pero hombre anda siquiera un de uua naturaleza mas perfecta, ó que Si uno ó vanos mtentaran sustituir momento á Palacio, puede ser que te Dios le confería inmediatamente ya á su voluntad partic_ul~r á la voluntad paguen. individuos escogidos para ciertos fines comun, sus prescnpc10nes, se~n cua- -Oeja que baje un poco el sol. particulares, ya á familin:s destinadas á l~s fo~ren, no s~rí~n. leye_s, smo una -Pero, hombre, míra que los chiposeerle perpetuamente..Perpetuarnen- v10lacion del_ pr~~cipio mismo. de la cos no tienen botines, se debe la casa te pues los pueblos les deberían una ley, un acto 1legitn~o Y subversivo de y todos los días me cobra la lecher_a. obediencia ciega. Por que la voluntad toda verdadera sociedad. _y si no pagan de donde qmeres del gefe establecido a.e Dios siendo con (Continnará.) que sague dinero? respecto á los súbditos fa voluntad ele -------------- -Pero se hace alguna diligencia: Dios mismo, siempre se conceptuaría VARIED!DES. se cose se busca la vida de cualquier justa; y en todo caso ningun exoso, ni _______________ modo. siquiera los crímenes mas euprmrn, RASGOS DE PLUMA. -Mujer, no me molestes! autorizarían á sacudir el yugo de su -Pero qué haces aquí en casa todo potestad opresiva. el dia? A esto han llamado ellos derecho di- LOS MARIDOS EMPALAGosos. vino. " Bueno es culantro pero no tanto. ' ' Cierra los oídos, pueblo, á tales mentiras. Deja al impío blasfemar al padre del género humano, y aprende á conocer sus verdaderas leyes; y tu derecho para conquistarle. Todos los hombres nacen iguales, y por consecuencia independientes unos Tres son las causas que hacen empalagosos á u_n ~arido; los celos; la pereza y la mISena. . Semejantes á los tres enemigos del alma puede decirse que es~os tres defectos son los tres enemigos del hode otros: ninguno, al nacer, tr~e con- gar. sigo el derecho de mandar. Si cada * * * Despues de salir de u1:1 almace~. cual desde el principio estubiese obligado á obedecer la voluntad de otro, no existiría libertad moral, ó libre elec·- cion en los actos; ni tampoco crímen ni virtud, por que esta depende de la libre eleccion entre el bien y el mal. Así que, la indepndencia persona~ y 1a soberanía no son mas que una n;usma cosa, y la causa de que el hombre -¿Qué tenia que mirarte asi ese dependiente? -¡Guá! le daría su gana. , ? -¿Con qué le daría su gana, no. -Pues, claro está. -Sí, como U. no carga con el ridículo .... Otro día. -Levántate, hombre, que ya es tarde. -Ya vov. -Pero, ·hombre ya es hora de almorzar. -Ya voy. -Míra que el almuerzo se enfría. -Ya voy. -Pero, hombre, ya no tengo pa~ ciencia. -No me molestes. La mujer sigue reg~ñando y el araganote adopta la medida de hacerse el sordo. Hé allí el perezoso. -Señor, dice la señorita que dé usted medio para comprar fósforos.

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