El Estado en la sombra

no habían sido nombrados los ministros. Esas cartas estuvieron referidas a asuntos diversos, como nombramientos administrativos, contrataciones, movimientos de personal, pagos de sueldos a militares y otros funcionarios, actos de reconocimiento del gobierno provisorio de parte de algunas provincias, o negociaciones con el cuerpo diplomático acreditado en Lima [3, 5, 6, 7, 13, 161, 230, 246, 248 y 281]. Cuando los ministerios ya estuvieron constituidos, las comunicaciones más frecuentes fueron las dirigidas a los ministros de Hacienda, de Gobierno y de Relaciones Exteriores. Son muy reveladoras las cartas dirigidas al ministro de Gobierno, que ofrecen información sobre el orden interno del Perú: reportes sobre las provincias que iban reconociendo al gobierno provisorio; noticias sobre enfrentamientos de tropas peruanas con el ejército chileno; referencias a los movimientos de políticos opositores; nombramientos de prefectos y jefes militares; noticias sobre obras públicas. En definitiva, todo lo que acontecía en el Perú era reportado por la Delegación al ministro de Gobierno. Esas cartas reflejan el esfuerzo de la Delegación por establecer una red de comunicaciones, con la cual se buscaba afianzar la legitimidad del gobierno provisorio. En cuanto a los ministros de Guerra y de Justicia, la Delegación cumplió con enviarles las comunicaciones que se recibían para ellos. Así, por ejemplo, al ministro de Justicia le hicieron llegar comunicaciones de las Cortes Superiores del Cuzco, Puno y Piura [67, 109, 193, 228 y 236]. En el caso del ministro de Guerra, la Delegación envío y recibió comunicaciones del general Cáceres, entre otras cosas para solicitar armamento para su tropa, y para referirse al movimiento de esta en la provincia de Chancay [160]. 2.4.2. Jefaturas superiores político-militares Las tres jefaturas superiores político-militares —correspondientes al Norte, Centro y Sur del Perú— fueron creadas durante la dictadura de Piérola, a raíz de la situación de guerra que vivía el país. Aquellas fueron mantenidas por el gobierno provisorio, «obedeciendo a las leyes de la necesidad y de la convivencia para la satisfacción de exigencias inmediatas e indispensables», tal como lo manifestó Manuel Velarde, ministro de Gobierno de la gestión de Montero en Arequipa (1883, p. 2). Antes de la renuncia de Piérola, en octubre de 1881, la jefatura del Norte estaba a cargo de Lizardo Montero, quien había sido nombrado en enero de 1881; la del Centro, a cargo de Andrés A. Cáceres, nombrado en abril 54

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