Trescot-Balmaceda, y de los positivos efectos que este habría de tener para la posición de Chile. 305 Durante la ocupación de Lima, el ministro francés De Vorges, así como otros diplomáticos, colaboraron junto con Petit Thouars para evitar el saqueo de la ciudad. Según De Vorges, «es indudable que (el Perú) es el centro de nuestra influencia intelectual en estos parajes. Es aquí donde encontramos las mayores simpatías; es aquí que nuestras ideas son mejor acogidas» (Wu, 1986, p. 43). 306 Del Valle confirmó que, en efecto, las autoridades de Puno habían impuesto «ochenta centavos sobre cada cesto o arroba de coca, que, de esta República (Bolivia) se exporta para el consumo de aquella plaza (Puno)». Igualmente, señaló que, teniendo en cuenta el tratado de comercio que se había firmado con Bolivia, el cobro de dicho impuesto no era legal; es por ello que se comunicó con el jefe político-militar del Sur, en ese entonces José de la Torre, para solicitar la derogación de dicha norma, lo cual sucedió (ACMRE, 5-7, caja 281, carpeta 17, 17.2.1882, f. 20). 307 El 13 de julio de 1881 Evaristo Gómez Sánchez, ministro del Perú en las repúblicas del Plata, envió un oficio al secretario general del Jefe Supremo del Perú (Piérola) en el cual anunciaba la firma de un «Tratado de amistad, comercio y navegación» con la república del Paraguay, en el que se establecía «el anatema de la guerra bárbara, y que, por la manera como está redactado, revela a las claras la intención de alzar una protesta, si bien indirecta no por esto menos eficaz, contra la que Chile ha emprendido y continúa en el Pacífico». También informaba Gómez Sánchez sobre la difusión de ese tratado en los medios periodísticos paraguayos, uruguayos y argentinos, y sobre los elogios que había suscitado la condena del principio de la guerra de conquista (ACMRE, 5-1, caja 279, carpeta 29, 13.7.1881, ff. 9-9v). 308 Monseñor Mario Mocenni, arzobispo de Heliópolis, llegó al Perú en 1877 como enviado extraordinario y delegado apostólico de la Santa Sede (Loayza, 1878, p. XXXI). En 1882, Ricardo Palma planteó, con ironía, una visión negativa de este prelado, y denunció que no había sido sincera su solidaridad con el Perú: «Monseñor Mocenni que, hasta hace cuatro meses fue nuncio de su Santidad León XIII en el Perú, nos acaba de jugar una de padre y muy señor mío. [...] Monseñor Mocenni, que en Lima se manifestaba tan peruano y tan afligido por nuestros infortunios, cambió de posición tan luego como llegó a Santiago y las beatas y beatos lo festejaron con comilonas y con una limosnita de veinte mil duros. Ha declarado el infalible Nuncio que Iquique no forma ya parte de la Iglesia peruana, y ha investido a un sacerdote chileno con el carácter de vicario y dándole no sé qué facultades canónicas y pontificias» (1984, p. 171). La Situación publicó una elogiosa nota sobre Monseñor Mocenni: «Hombre de vastísimos conocimientos, especialmente en lenguas modernas y ciencias naturales, Monseñor Mocenni es además un distinguido diplomático, cuyos méritos han sido justamente apreciados en las diversas misiones que su gobierno ha confiado a su delicado talento» (7 de marzo de 1882). 309 Monseñor Manuel Teodoro del Valle Seoane (Jauja, 1813-Lima, 1888). Se formó como sacerdote en España, y regresó al Perú en 1839. Tras pasar por varios curatos y parroquias, fue nombrado secretario de cámara del arzobispo Luna Pizarro, función que desempeñó entre 1851 y 1855. Fue nombrado obispo de Huánuco en 1865, y allí fundó el Seminario de San Teodoro. En 1872 fue propuesto para el arzobispado de Lima, pero 344
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