El Estado en la sombra

N° 1 Al Secretario General de Estado. Reservada Deseando los delegados del Gobierno corresponder a la alta confianza que les ha dispensado Su Excelencia el Primer Vice-Presidente de la República, se han apresurado a dar principio a las difíciles y muy delicadas tareas que se les ha encomendado, instalando oficialmente la Delegación; pero como este hecho no habría producido por sí solo, en algunos casos, ningún resultado práctico, sin la coexistencia de la Junta Consultiva, llamada a robustecer con el ilustrado consejo los acuerdos de la Delegación, fue el primer paso de esta, procurar la instalación de la referida Junta, como se ha verificado ya, asistiendo a sus miembros el más plausible entusiasmo para el desempeño de las funciones que le están designadas. Una de las principales preocupaciones de esta Delegación ha sido la condición de las fuerzas que guarnecen el sur de la República, y la necesidad de que el movimiento dado por el pueblo y ejército de Arequipa194 en favor de las instituciones, repercuta y se robustezca en esos departamentos, para realizar la unificación del país; y quitar al enemigo de la Patria el pretexto para continuar en la ocupación indefinida de la capital, sin procurar la solución de la guerra por medio de un arreglo honroso. Este ha sido también el propósito constante del Gobierno Provisorio, y merced a sus trabajos, mucho se ha avanzado en ese camino. Estas consideraciones poderosas, y la dificultad de comunicación directa e inmediata entre esos pueblos y la Secretaría General, han inspirado a esta Delegación la necesidad de comunicarse oficialmente con el Jefe Superior y Militar de los departamentos del sur y con el prefecto de Arequipa195, indicándoles que se dirijan a los delegados para la realización de los objetos expresados, y que giren igualmente contra la Delegación por las sumas que sean indispensables para proveer de recursos con que atender a sus necesidades apremiantes. Conocidas son de Su Excelencia el Vice-Presidente y de V. S. las declaraciones del general Cáceres al adherirse al movimiento de las fuerzas del sur, en cuanto a desconocer la autoridad que investía a don Nicolás de Piérola; y en la proclama que con tal motivo expidió, aunque no aceptaba la autoridad suprema con que las fuerzas que le obedecen quisieron investirlo, ha estado muy lejos de reconocer de lleno y con 145

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