El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 192 - cidos por el amor, que no son los favorecidos de la fortuna, ·ni aún de la belleza física. Y ya que dejo apuntada esta convicción mía, bien puedo decir, que pocos días después de nuestras dia– rias entrevistas, Ofelia se entregó á mí, sin reserva nmguna. Desgraciado el hombre que al saborear los prime– ros trasportes de una pasión, no cree que ella ha de ser eterna é imperecedera, su dicha!......... Desde aquel momento mi amor y mi estimación por Ofelia, crecieron tanto más, cuanto habían disminuido otros amores míos, después de la posesión. En el curso de los primeros días, llamó mi aten– ción, el empeñoso afan con que Ofelia se precaucio– naba, para que ni en el público, ni aun las personas de su familia, descubrieran nuestras ocultas relacio– nes. Muchas veces la ví desesperarse y llorar amar– gamente, suponiendo que alguna persona de las de su amistad, pudiera mirarla como á una « adúltera que se aprovechaba de la ausencia ele su esposo, pa– ra divertirse con un amante~ (palabras textuales) - Sabes -me decía- si yo creyera que en el público, son conocidas nuestras relaciones, yo me suicidaría. Y aunque éstas palabras tuvieran su tantico de exa– o-eradas, expresaban fielmente las primeras impresio_ nes de la mujer verdaderamente honrada. Y yo convencido de la veracidad de sus sentimien– tos, desplegaba toda mi elocuencia para disuadirla, dándola toda suerte de seguridades, respecto á su re– putación, por la cual quedaba á cubierto de la ma– ledicencia de los que pudieran agrn,·iarla.

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