Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú
siglo XVII y la del XVIII; en todo caso, es un tema que requiere todavía de mayores precisiones. 106 A partir de 1978 se ha avanzado mucho en este rubro; la participación andina en el mercado europeo adquiere otros ribetes (cfr. Pease, 1992, pp. 149-180; y Glave, 1989, por ejemplo). 107 Diversos informes del siglo XII dejaron la impresión de falta de mano de obra para el trabajo minero, pero tal vez las cosas no son tan claras. Carrió de la Bandera (1966) afirmaba de un lado que sobraba mano de obra a fines del XVIII (nada sabemos del siglo anterior), por ejemplo en Juli, donde las cuatro iglesias jesuitas tenían 300 «sirvientes»: «Que de cerca de trescientos sirvientes sobran y mantienen los indios más de 190 que pudieran componer un competente pueblo de agricultores y útiles artesanos» (p. 57); también añade: «un prodigioso número de muchachos que furtivamente pasan de los pueblos a las ciudades» (p. 53) y, más adelante, se queja de que el Cusco no tenía «indios de servicio». ¿Qué pasó entre el censo del duque de la Palata
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