Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú
casos distintos: Rómulo Cúneo Vidal (1919, pp. 317-318) registró y glosó la documentación de los curacas de Tacna, mencionando que Diego Caqui, hijo del viejo curaca Catari, había hecho testamento el 18 de abril de 1588, declarando tener «una viña en Tocuco, con 36 000 cepas de viña. Otra en Tierra Blanca, con 30 000. Otra en Amopaya, con 10 000. Otra en Pachía, con 10 000. Una bodega en Pachía, provista de lagar, prensa y vasija para una producción anual de dos mil botijas de vino. Una recua de cien llamas para el transporte de aquella producción a los mercados del Alto Perú. Huertas y sembríos en distintos lugares del valle de Tacna. Dos fragatas y un balandro para la navegación entre aquella ensenada y los puertos de Arica y el Callao». Debe haber más de estos casos. Ciertamente, son más complejos los problemas de la aculturación, la «alianza» de los señores étnicos con los españoles, etcétera. Una posterior reflexión sobre estos asuntos — incluso sobre la aquí mentada diferenciación «clasista» en la propia población andina— puede verse en Pease (1992, pp. 303-328; y en Pease, 1992a, pp. 154-170).
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