Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

en adelante, confirmada después cuando en la década de 1950 hizo explosión la primera conciencia del mito de Incarrí en los Andes (Arguedas, Morote, Núñez del Prado, Roel). Las preguntas comenzaron a hacerse más visibles a partir de los momentos en que se comenzaron a manejar nuevos tipos de documentos — siempre dentro de la vida administrativa de la colonia— que permitían otro tipo y otro volumen de información sobre la población andina y su vida material. Ya no se trataba solamente de ubicar la situación (el papel y el fruto) de los mitayos en Potosí y en otros centros mineros; tampoco solo de precisar las supervivencias de instituciones

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