Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú
desde la década de 1990 se acentuaba en el país la ancestral desidia hacía los repositorios documentales. Además, esos fueron los años en que Franklin comenzó a enumerar sus libros, que siempre había personalizado con su nombre, así como a organizar su archivo personal, como intuyendo que se acercaba el momento en que deberían ser pasados a la consulta especializada y, muy especialmente, conservados para evitar su disgregación. Por ello, en los años inmediatos a su fallecimiento busqué —y recibí— las amicales observaciones y sugerencias de quienes podían asesorarme en el proceso de evitar la disgregación de sus documentos bibliográficos y archivísticos, tarea que sigo realizando
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