Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú
justificación contraria, elaborada para hacer moralmente lícita la invasión española del siglo XVI sobre un estado todopoderoso —a la vez que usurpador de un poder— que la población andina habría aceptado solo por la imposición de una fuerza invencible que arrasaba toda resistencia y gobernaba una multitud sin amparo y sin justicia, donde el usufructo del trabajo de las mayorías sometidas y silentes beneficiaba únicamente a la poderosa élite cusqueña encabezada por el Inca, que requería de un enorme ejército para imponer su voluntad. El Inca parecía responder así a la voluntad de los monarcas absolutistas europeos, que ya en tiempos de Carlos I de España o de Francisco I de Francia buscaban consolidar el poder real
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