Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú
normalmente atribuida a los cronistas llamados toledanos, retrataba la imagen opuesta: un estado igualmente poderoso, pero ferozmente incapaz de benevolencia alguna, que dominaba con un aparato político tan sólido como «ilegítimo», o «usurpador», toda la región andina. En esta última imagen las conquistas fueron rápidas y establecieron una suerte de uniformidad por el terror, aunque las alianzas permanecieron, lo que primó fue ciertamente la imposición que no excluyó, por cierto, el reconocimiento de la capacidad del estado cusqueño para administrar eficazmente la economía andina en un nivel superior al comunal o «étnico». Frente a esta imagen sustancialmente basada en los cronistas, tenemos otras
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