Del Tahuantinsuyo a la historia del Perú

escrita en castellano la visión indígena de la conquista española de los Andes para que fuera el punto de partida de la historia de su país. El historiador James Lockhart fue un distinguido profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, quien para entonces ya había decidido dejar de estudiar el Perú ante la ausencia de fuentes documentales escritas en idiomas indígenas como el quechua o el aymara, que consideraba necesarias para presentar la visión andina de esos primeros momentos de confrontación. Esta decisión la tomó luego de publicar dos libros trascendentales sobre el Perú hispánico (1968) que forjaron los conquistadores españoles que estuvieron en Cajamarca y que, en rápido enfrentamiento, capturaron al Inca Atahualpa (1972). Esta ausencia de fuentes documentales indígenas llevó a este influyente investigador estadounidense a aprender nahualt para hacer la historia de los indios del México colonial y, además, llegar a ser un prominente lationamericanista. Traigo al siglo XXI estos recuerdos míos sobre las conversaciones heurísticas entre ambos ya desaparecidos interlocutores porque soy consciente de que merecen ser escritas e impresas para incentivar su estudio. También soy consciente de que las palabras de Franklin —que están solo en un soporte digital— que dan comienzo y conclusión a este epílogo, además de estar cuidadosamente archivadas, deben ser publicadas por ser un aporte a la historiografía peruana. Así termino este epílogo, con otra cita textual suya: Porque la historia, en una vieja y hermosa definición de Johan Huizinga, es la forma como una cultura (una palabra desprestigiada innecesariamente durante mucho tiempo) se rinde cuentas de su pasado, entonces, es una memoria personalizada en un cuerpo social o, como recordaba en alguna ocasión ese gran historiador que fue Moses Finley, para los griegos «historia... sencillamente significa “investigación”». 172

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