Cuadernos trimestrales de poesía Tomo II

Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) LII peruana? Son pocos los que la han hecho hasta hoy: Clemente Palma, López Albújar, García Calderón, y un tanto otros como: Arguedas, Ribeyro, Alegría, etcétera. Nos falta escudriñar en las leyendas antiguas de los incas y de otras civilizaciones que poblaron el país. Esto no sólo en la literatura, también en el ballet, en la música, en el folklore, que son riqueza del patrimonio nacional. Pero todo esto con apoyo y lejos ya del centralismo. ¿Qué hace un investigador solitario, sin ayuda de nadie y con la indiferencia del Estado? Parecería que la cultura es lo último, sin advertir que, sin ella, no existe progreso alguno. Es lo único que queda al fin de todo. Lo demás se lo lleva el tiempo, como las hojas secas: política, economía, derecho. Después de dos semanas en este Hospital del Empleado de Lima (21/01/91), me practican la colocación del marcapaso para regular los latidos del corazón, cuya lentitud (38 por minuto) me ha causado trastornos. Gracias a la generosidad de mi hermana Anita Corcuera de Carrión y su esposo Hernán Carrión que me consiguieron el aparato inmediatamente; y sobre todo de mi amigo de toda la vida, Segundo Sam Ponce, que lo asumió inmediatamente, para abonarle después, ha sido posible este milagro; de lo contrario hubiese tenido que esperar algunos meses hasta lograr mi turno si la adquisición del aparato corría por cuenta del Seguro, como es su obligación, ya que yo he pagado religiosamente mis cuotas desde hace cuarenta años. La operación duró cuatro horas porque no encontraban el lugar donde fijar el marcapaso. Fue hora y media de verdadera tortura, suplicio sería mejor llamarlo, porque se permanecía boca arriba, inmóvil, escuchando la desesperación del médico y su ayudante en conseguir dicha fijación, una lucha desesperada y contra el tiempo. El corazón que instintiva e inexplicablemente esconde su organismo para defenderse de elementos extraños a su naturaleza, y el hombre que insiste en arrebatarle ese privilegio, al fin cedió en esta lucha y recién me pudieron cerrar la herida, coserla y taparla para dar por terminada la operación. Antes fue la fase inicial de preparación, corte e introducción del reloj del aparato, todo lo que se hace solo con anestesia local y que implica un tanto de hombría para resistir. En fin, tanto hay que

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx