Cuadernos trimestrales de poesía Tomo II

Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XLIV su rigurosa selección como por su diagramación y presentación. Todo esto porque también me he dedicado al cuento, especialmente al cuento corto y trágico. De mis libros, por la estrechez económica, sólo he llegado a publicar los siguientes: Semilla en el paisaje, en primera edición en los Talleres Ícaro de Javier Sologuren; Sendero junto al trino; La luz incorporada; y la segunda edición de Semilla en el paisaje, aumentada y corregida, editada esta vez por el Banco Agrario; Los aires del alhelí, editado por el INC de Lima; El poeta espera respuesta (todo de poesía); y La maldición burlada y otros cuentos, estos dos últimos editados por CONCYTEC, y últimamente Agua de tiempo, un manojo de relatos con inclusión de cuentos del Tío Lino y ocurrencias del Tío Callua. Tengo inédito: Siembra de caminos (memorias); En torno a la poesía y los poetas (título provisional), compilación de juicios sobre la poesía, recogidos a través de mis lecturas durante cincuenta años de convivir con la Poesía. Podría decirse que es un libro medular, de miscelánea, que, como el arpa de Bécquer, espera editor; y por último, una buena cantidad de poemas que habría querido reunirlos bajo algún título sugerente. También algunos cuentos y numerosos artículos literarios publicados en revistas y diarios de muchas partes. Diría que Cuadernos me ha deparado una gran felicidad que he compartido con el Grupo que me acompañó en Trujillo y estuvo integrado (estuvo, dije, porque tres de ellos han desaparecido) por Carlos H. Berríos, el Patriarca, por haber sido el mayor de todos (nació con el siglo), en 1902, en Cutervo y murió en Lima en 1985; poeta adentrado en la rima y el metro, terco en su quehacer literario, sembrando en el campo, utilizando el mejor de los instrumentos, el armazón del soneto, para en sus catorce cuerdas entonar los más bellos cantos. Por lo menos una decena de libros adornaron su vida, libros que él los obsequiaba con delicadas dedicatorias, reveladoras de su alma purísima y querida. Era abogado, y alguna vez ejerció una fiscalía en la sierra de Piura; el resto de su vida lo pasó entre el periodismo y la bohemia. Había conocido y tratado a Chocano y a Do-

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