Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) LXVIII a estos poetas en este tiempo es descubrir también su enorme esfuerzo por hallarle vibraciones y tonos singulares a nuestra lengua literaria. Citemos dos poemas: el primero de MAC y el segundo de Wilfredo Torres Ortega: Mi tristeza ¡Qué dulce es la tristeza! Esta tristeza que yo llevo dentro; ¡cómo vivo mi vida, con qué aliento! ¡cómo goza esta mi alma estremecida! Solo sufriendo se alimenta el alma, solo sufriendo se redime el cuerpo; yo he soñado sufrir, y sufrir mucho, es por eso que sufro todo el tiempo. Los versos que concibo, apenas son raudales de silencio. Gaviota Salina flor y descendido cielo para el ojo latente que te aclama; pequeño avión de carne, tibia llama, nácar de espuma, pez en pleno vuelo. Gaviota: de tus alas al desvelo, la misma angustia, dimensión o fama. Igual nostalgia por la verde gama tienen tus viajes y mi oscuro anhelo. La brevedad que ilustra tu relieve cabe total en mi soneto breve, golondrina de mar, pez redimido. ¡Ven a la mano que te busca, amada, para aprehender tu forma delicada y en estos versos ahuecar tu nido!
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