Cuadernos trimestrales de poesía Tomo I

Richard Cacchione Amendola / César Corcuera García (editores) XIV continuar hasta nuestros días y posiblemente mucho más, porque ya se ha afirmado un ambiente como este, de creación y promoción de arte. Estas generaciones han tenido sus cumbres, sus figuras rescatadas, y Marco Antonio Corcuera ha sido uno de ellas. En las visitas a Trujillo, apreciaba que él tenía liderazgo dentro de los poetas y los intelectuales de la ciudad. Además de su obra poética, continuada y delicada, Corcuera fue un adalid, un conector entre jóvenes con vocación literaria, que fueron estimulados por su condición de gran maestro y por la calidad de su poesía. Considero que para tener una imagen completa de él no se puede dejar de tener presente esa labor de promotor y editor de las revistas de poesía y cuento. Corcuera realizó un verdadero servicio al arte y aporte a la historia de la literatura peruana. A ese carácter de promotor hay que agregarle la perseverancia y constancia; muy pocos proyectos culturales perduran tanto en el tiempo y él le dio una duración bastante prolongada como un esfuerzo personal. Fue, como suele ocurrir en nuestro país, un trabajo no siempre valorado en su real dimensión, sin beneficios ni apoyos financieros que lo sustentaran. Se trataba, en el mejor sentido del término, entusiasmo plasmado en obra tangible y duradera, tenacidad puesta al servicio de una causa superior, entrega plena a la cultura y, lo más resaltante tal vez en un medio como el nuestro, promoción desinteresada de nuevos talentos, estímulo constante de vocaciones que esperaban su momento y su empuje, y que los encontraron en Corcuera. Nos podemos imaginar al vate animando y abriendo horizontes a diversos escritores para que compartan sus obras con un ávido público lector. Pero no solo ello, sino valorando la calidad del material presentado, leyendo, corrigiendo, sugiriendo, revisando las galeras a la búsqueda de los infaltables errores de imprenta (verdadera pesadilla de los editores). Todo este inmenso trabajo, que no trae lucimientos ni distinciones, lo cumplió Corcuera con la naturalidad y espontaneidad de quien sabe que está llamado a tareas superiores en el mundo de la cultura

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