Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

CARTA DECIMA Se ha dicho que el poéta nace y rio se hace y esta , afirmación puede ser extensiva a los artist'as en ge– neral. Con efecto, muy poco le valdrían el vivo anhelo, la voluntad ardiente,/ ni el estudio infatiga– ble, al individuo a quien la Providencia no hub-iera marcado, al nacer, con el sello augusto del genio. Yo pienso que los artistas son el lujo de la humanidad, y, por lo tanto, no es posible admi– tir que los haya malos, ni aun mediocres. Las ne– cesidades que ellos están llamados a satisfacer, no son las que exige la materia vil; son las que el espíritu delicado ha menester llenar, son las necesi– dades que distinguen al sér humano, al sér superior, de todos los demás seres animados de la creación. Nobles impulsos que noblemente han de ser satis– fechos. En el mundo de las Bellas Artes debería regir este lema: ser gran artista o no ser artista. Sentada esta premisa lo que ante todo habría que averiguar, si de que eligieras tal oarrera se tra– tase, sería si estabas dotado de las cualidades que se requieren para llegar a ser Ímo de los dioses mayores en el Olimpo del Arte. Pero es el caso, hijo de mi alma, que si poseyeras esas excelsas -dotes que ha– cen fll verdadero artista superior al "común de los hombres, estoy segura de que no escucharías mis --59-

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