Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Cartas a mi hijo Carlos Adolfo mío! Se necesita tenerla muy grande, muy generosa, muy noble, para resistir a las múlti– ples tentaciones que al hombre acaudalado asedian a cada paso! El cerebró mejor equilibrado es presa del vértigo; el corazón más sano, se enfen:1?-a bajo la influencia morbosa del vil metal. Este ejerce su po- der malévolo hasta en la .infancia. . Cosa curiosa es notar que el pobre que ambicio– na la fortuna suele engañarse a sí mismo, e incons– cientemente a los demás, formulando el propósito de emplear bien sus riquezas cuando llegue a ad– quirirlas: ¡qué de lagrimas enjugará; qué de mise– rias remediará! Pero el oro tiene la propiedad de en– durecer el corazón del que lo posee y todos esos bue– nos propósitos del tiempo en que él sufría de ham– bre, de frío y de desnudez, los olvidará tan pronto como s1.:1 hambre esté saciada y posea para su frío y su desnudez, confortables calefactores y lujosos ves– tidos. No pienses, hijo de mi alma, que yo pretenda anatematizar a todos los ricos. Nó, los haY- muy bue– nos y muy nobles y muy carit ativos y éstos merecen todo mi aprecio y todo mi cariño y les juzgo tanto más meritorios cuanto que han sabido sustraerse a ese maléfico influjo del oro de que acabo de hablarte. Y creerás que peco de exagerada si te afirmo, con la seguridad que da el conocimiento de la vida, que bien meditado todo, la pobreza es un elemento de dicha futura para los niños y, por lógica conse– cuenci,a,- sUele ser una desgracia para su porvenir el que sean ellos muy ricos; porque el dinero, ya te lo he dicho, endurece el corazón, y si un hombre decora-, zón duro es un ser antipático y repulsivo · ¿qué te diré de un nifío que debe ser todo aµiabilidad y ge– nerosidad? El rico se acostumbra a que sus meno-– res caprichos sean satisfechos, hasta el punto de que no necesitando más que expresar un deseo para mi– rarle logrado, desconoce el placer de la espectativa en los goces. Puede decirse que no hay para él es– peranzas ni ilusiones, sentimieptos que son la más pura fuente de las satisfacciones humanas. - 45 -

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