Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
CARTA SEPTIMA La carrera en que vamos ahora a ocuparnos, que necesita de pocos estudios, relativamente, y en la que con mayor rapidez se puede adquirir una for~ tuna, es la del Comercio, razón por la cual seduce a muchos jóvenes, sobre todo en nuestra época en la que como en ninguna otra se rinde ferviente culto al becerro de oro. Tener dinero; poder proporcionarse con él todos los goces materiales de que tan ávida se muestra siempre la naturaleza humana y especialmente la juventud masculina, es el anhelo más ardiente y ava– sallador de la inmensa mayoría de las personas, en las modernas sociedades, ya te lo he dicho; y si in- --Sisto en esto es porque es uno de los temas más fe– cundos, en la actualidrtd, para el moralista. Una sed inmo<ierada, una sed hidrópica de riquezas, aqueja hoy como nunca a los mortales. La fiebre del oro les devora. No se concibe la felicidad sin el oro. Es una sed que jamá,s se aplaca; mientras más se tiene, más se desea: vengan montañas y, montañas de oro. ¡Qué repentino fulgor enciende las pupilas; qué latir apresurado golpea el pecho; qué voluptuo– so escalofrío de codicia y de envidia se advierte en - 43 •
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