Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

CARTA QUINTA Después de la profesión de la abogacía, se pre– senta, naturalmente, al pensamiento la de la medi– cina, que junto con ella, es de las que mayores facilidades ofrecen para su estudio en nuestra Amé– rica, y muy especialmente en el Perú, que desde hace muchos afíos sB enorgullece justamente de celebridades profesionales en ambos ramos de la intelectualidad humana. • La medicina bien ejercida, es, hijo mío, un verdadero ~acerdocio, y, por cierto, no ha menes– ter de menos rectitud de conciencia y de menos ele– vación de alma, el médico que el abogado, si ha de cumplir dignamente con los deberes que le impone su sagrado ministerio; pero sí es indudable que tie– ne menos enemigos con quienes luchar; pues a pesar de que la ingratitud es uno de los rasgos dis– tintivos ~el hombre,--que por él es a veces inferior a cierto~ animales, - raro es encontrar a un sér cons– ciente que no guarde en su .corazón algún recono– cimiento por el sabio médico que le salvó la existencia amenazada por terrible mal, o que lo alivió siquiera en los penosos sufrimientos de una grave enfermedad. Luego, por regla general, el hombre que se dedica al estudio de la medicina, no lo hace llévado de ambición de renombre, ni de· bienes mundanos, Puet>, aunque tal vez más sólidos, suelen ser menos - 35 -

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