Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
XIX LA ABNEGACION Quien di¿e mujer, dice abnegación. Este senti• miento tan elevado, tan noble, tan sublime, que ha menester de tan gran fuerza moral y aun material para sus actos, es, sin embargo, el atributo más sa– liente del sér más débil, apocado y tem~roso de en– tre los dos que forman la raza 'humana. Pero la Na– turaleza es lógica hasta en sus contrastes. La mu– jer está destinada a ser madre, y .ésta es, tal vez, la razón porque nace dotada de instinto tan excelso: no se concibe una madre sin abnegación. Esa pres– cindencia absoluta de la propia personalidad, esa completa consagración de un sér a otro sér, son in– herentes al más puro, al más grande, al más desin– teresado, al más completo de los amores; al afecto humano que más se asemeja al que tiene el Creador por sus criaturas: al amor maternal. La vida toda de la mujer 1 hijas mías, no es más que un tejido de sacrificios grandes y pequeños, sobre todo desde el instante divino en ·que se siente madre; pero sacri– ficios que se cumplen por .íntima satisfacción, con alegría que se desborda d@l alma, como si ésta qui– siera pagar de tal modo el supremo.bien que el cielo le ha otorgado. La maternidad fué, sin duda, la hermosa com– pensación que la Misericordia de Dios c_oncedió a Eva cuando s.u. Justicia le quitó el Paraíso Terrenal; -251~ / 1 f
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx