Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Cartas a mi • hijo tes y grandes ejemplos, de valor físico y moral. En los tiempos de los emperadores mm.anos, persegui– dores del cristianismo, eran ellas las que aceptaban el martirio con mayor sereni_dad y entereza; y en los actuales tiempos, Homos también nosotras las que, -salvó raras excepciones,- no renegamos jc1- más de nuestras creencias, sino que antes bien alar– deamos de ellas an_te la faz deI mundo; y hasta nos atrevemos a salir en su defensa cuando las miramos .combatidas u ofendidas. Mucho ' deseo que estudies; mucho deseo que aprendas; pero si la ciencia te ha de hacer caer en el materialismo 0 en el descreimiento, cierra los libros sin vacilar, porque toda ciencia que no tiene por principio el santo temor de Dios, es ciencia vana, ya te lo he dicho. Un sentimiento generoso, vale más que toda la ciencia del mundo. . ¿Y qué es el saber humano, en resumen? ¿Qué son todos los gran'des secretos que en el largo trans– curso de los siglos ha logrado arrancar el hombre a la naturaleza? ¿Qué son todas las maravillas de la ciencia moderna, qué todas las grandes conquistas de que se jacta, ante los formidables problemas que jamás resolverán los mortales? El que más sabe lo ignora todo: y a} fin de la partida, sólo habrá· sido sabio de verdad, aquel que haya acumulado mayor número de buenas acciones que poner en la balanza del Juez Supremo.
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