Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la mujier Bárbara, en el colmo ya de la ira dió a su her– mana un violento empujón y la chica dando un ala– rido rodó toda la escalera. Cuando la recogieron estaba en un charco de sangre que le manaba de la frente y pudo comprobarse que tenía fracturadas tres costillas. Había sufrido además una conmoción cerebral. Larga, larguísima fué la enfermedad, y al cabo de ella, quedó la niña desfigurado para siempre el cuerpo y perdida la razón. De cuánto sufrió la madre podrán darse cuenta todas las madn:::s; no se borró de su pensamiento, hasta el último instan te de su vida, aquella horrible visión que en momento tan aciago contemplaron ~us ojos: la hija de sus entrañas .arrojada al suelo desde considerable altura, por otra hjja, también, de sus entrañas! .... No sobrevivió mucho tiempo a tal desgracia, quedando las dos ni fías más solas y más desam-pa– radas que nunca. La más infeliz de ambas era indu– dablemente Bárb;ira, pues, la conciencia que no tenía la otra de su desgracia, le abrasaba a ésta el corazón comó un hierro. candente. Pero Bárbara no fué tan culpable, me podréis objetar, pues procedió por un ímpetu irreflexivo, y sin medir, en su ofuscación, las consecuencias de ese arranque de furia. Y lº podría contestaros que quien inocentemente peca, inocentemente se condena; mas no seré tan severa, hijas mías, pues pienso que la joven expió bien su falta, consagrándose por entero, al cuidado de su hermana; así la conocí yo y asi ~dmiré más de una vez su fraternal ~bnegaeión. / l. .I •

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