Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Psicología de la mujer absurdos caprichos, y son felices con el papel pasivo que les ha tocado en suerte. Las segundas tienen que sostener grandes luchas consigo mismas. Su ca– rácter, su ~·azón, su yo, se subleva a las veces, pero la prudencrn eleva sobre esos murmull~s de revclión su voz mesurada pero fuerte, y al fin lognt acallar– los, y la. paz conyugal, seri,amente amenazada, por un momento, reina de nueyo en el hogar. Al hombre le agrada ser el amo, y aunque en realidad no lo sea, hay qne dejarle creer que lo es Este es el secreto, hijas queridas mías, de la felici. dad de muchas esposas. Pero, tampoco escasean los tiranos de verdad entre los maridos, y es en estos casos cuando ha menester la mujer de la prudencia como de la ma– yor virtud. En algunas llega hasta el heroísmo; pero esta-s son heroicidades incógnitas, que se cumplen en estrecho recinto, circuído por cuatro paredes, y que la Fama no pregona. Se realizan en las cuoti-. dianas pequeñas batallas de la existencia y no hay medallas ni cruces de honor para premiar a esas po– bres mártires del deber, que cumplen sin quejarse y hasta sonriendo, su difícil misión sobre la Tierra. El matrimonio es una cruz, se dice, y debería agregarse: especialmente para la mujer. Verdad es que el amor la reviste de flores y que el interés o la conveniencia la recaman de oro y de pedrería, o la adornan con blasones haciéndola más pesada, aun– que deslumbrante; pero es siempre cruz. La nave en q~e dos seres de diferente sexo, uni– dos por mutuos afectos o por sórdidas pasiones, se embarcan para hacer inseparablemente el viaje de la Vida, tiene que afrontar tempestades, y,-conti– nuando el anterior símil, - si las t1ores de ese ca.riño se marchitan y se deshojan, a veces, al primer soplo del huracan, dejando sólo las espinas en la cruz que aquellas cubrieron; la pesada crn½ de oro y brillantes puede poner a la embarcación en inminente peligro de zozobrar. Pero si el hombre es el capitán de esta nave; la mujer debe de ser el piloto. Ella es la que ha de evitar el naufragio en este último caso; que en el -~27-
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