Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

XIV LA PRUDENCIA --Señora, le recomiendo a Ud, encarecidamente que no olvide a la prudencia, - me dijo un ilustrado sacerdote amigo mío, no bien se enteró de la tarea que trataba yo de llevar a cabo con estos estudios;– sí, escriba Ud. sobre la prudencia, que con ser una de las .virtudes esenciales en la mujer, la poseen muy pocas, desgraciadamente. ¡Y cuántos matrimo– nios conozco yo, infelices nada más, que por falta de esa cualidad, en la esposa. Gran autoridad prestaba a estas palabras el ca– rácter sacerdotal de la persona que las pronunciaba, pues ¿quién más acertadamente que un director de conciencias, que un padre espiritual, que un médico del alma, podrá conocer las·deficiencias y las dolen– cias morales de la criatura que, no sólo por cumplir un deber religioso, sino para complemento de su di– cha si es feliz, o para consuelo de su dolor, si es des– graciada, se arroja a sus pies y le abre por completo su corazón? ' Mucha verdad es, . pues, que aunque la citada virtud deb6}ría adornar preferentemente al sexo feme– nino, escasea bastante en él. Tal vez la desdeña, porque no reflexiona bien las ventajas que ofrece a quien la practica, o por que no la ve con los deslum bradores atractivos de sus hermanas. -225-

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