Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicologia · de la mujer miseri~s d_e· sus prójimos, ni sordos ante sus ruegos. Pasan indiferentes cerca de las necesidades de un pobre que-implora ·~u piedad, y le niegan su ayuda, cuando tal vez morirán esa misma noche, dejando abandonadas todas sus riquézas con las que ·no pu– dieron con;iprar ni una hora más de vida; y no lleva– rán, para presentar-las ante el Tribunal Supremo, las bendiciones de ese desgraciado, que ·Ies habrían sido más beneficiosas que· los montones de oro, que se vieron forzados a abandonar junto con sus vestiduras carnales.... . . Luego, la caridad es, sin duda alguna~ la virtud más simpática. Y hay sus razones para ello. Sólo indirectamente reportamos un beneficio de las demás virtudes que vemos practiear en el mundo; pero la caridad nos beneficia de un modo directo. Mejor di- - cho: aquél que no nos humilla con su ~oberbia, que no nos defrauda nuestros salarios por avaricia, que no codicia nuestros bienes de fortuna, que no envi– dia nuestra felicidad conyugal, etc., etc., deja de ha– cernos un ·mal, nada más; pero el caritativo,. nos hace un bien,real y positivamente. Por tanto no hay quien no ame esta virtud, quien no la ensalce sobre todas las demás. -Existen seres monst1~uosamente ingratos, que no sólo desc9nocen .los favores que reciben, sino que por el mero hecho de ser favorecidos conciben aborrecimiento hacia las perso~as de quienes reci– bieron las mercedes, y así os lo he dicho en otro de estos artículos; pero aun estos, se limitan a odiar al favorecedor, y ·prosiguen, aunque parezca absurdo, amando la virtud que aquél practica. ¡Misterios del insondable y tenebroso corazón humano! Condensadas encuentro todas mis ideas sobre la caridad, en unos versos que escribí ·hace poc'O y por lo tanto, voy a copiaros algunas de sus estrofas, aunque resulte algo pedantesco y no poco cursi, el , citarse a sí mismo: ' Caridad es amor; y amor tan sólo, de un Polo a] otro Polo, para ser venturosa, necesita, · -2-21-

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