Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la mujer albergarlas en toda su pureza, aquél cuyo pecho no esté lleno del amor de Dios. Amor a Dios sobre todas las cosas y amor al prójimo como a sí mismo. Para cumplir este precepto di vino, sencillo y sublime sobre toda ponderación, bastá tener Fé, Esperanza y Cari– dad. Y cómo no ambicionar la posesión de estas virtudes, cuando es tan consolador creer, es tan her– moso esperar, y es tan dulce amar! .... · No envidiéis, · hijas mías, las falaces dichas del ateo. Ellas son, a lo sumo, apariencia, espectros de dicha, _que si lo halagan pasajeramente, tomando tal o cual brillante forma, mientras dura la noche oscurísima de sus errrores, se esfuman apenas apa- . rece el sol radiante del día eterno ante esas almas sobrecogidas de espanto; cuando llega la muerte, la temerosa ejecutora de los designios del Altísimo, que es quien suele descorrer el velo de las tinieblas y dar paso a la luz para esos cúegos voluntarios de los ojos del espíritu. Felices aún, entonces, aquellos por quienes siem– pre rezó la madre, -1a esposa o la hija; pues es posi– ble que esas ornciones de que en plena salud se mofaba el impío, le alcancen la gracia de tocar su corazón empedernido y en tan supremo instante, prenda en él la chispa de amor y de contrición; es:i infinitésima chispa que es lo único que le pide Dios · al pecador, para otorgarle el perdón de una larga vida de ex~ravíos y delitos. 21

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