Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la mujer j~r desconfiando de su .fidelidad, aunque sea supo– mendo que a ella le falta sólo con el pensa– miento. Lo que los hombres consideran en sí una cua– lidad, ·es .en las mujeres, según .su dictamen, un defeeto <)ue combaten hasta con el arma del ridículo como lo prueban estos versos de Tamayo 1 y Baus: ' r. Cásate con la que sea. más pobre y más gastadora, más necia y más habladora; más presumida y más fea; con una mujer que abrume a todo hombre a quien se llegue; con una mujer que juegue; con una mujer que fume; con una, en fin, tan odiosa, que e~,'pante verla no más; pero nó, nunca, jamás, con una mujer celosa. Hay caracteres jnnatamente desconfiados; indi– viduos que desde niños muestran esa tendencia a los celos que nu es. rrl'ás que una forma mal disi– mulada ,de la envidia a sus hermanos o a sus amigos. En todas las pasiones, en todos los vicios, lo he dicho ya en otra ocasión, haLla el que por ellos se deja dominar, la satisfacción de algún apetito, aun– que sea desordenado y torpe; pero en la pasión de los celos, no sólo no encuentra ese placer, sino que halla un sufrimiento atroz; porque el celoso, verda-. ' dero Eutantimorúmenos, se atormenta a sí propio, además de atormentar a la persona a quien hace ob– jeto d~ sus sospechas, sobre todo si son infundadas. Por lo que respecta a los celos de ]as mujeres, no se atreverán a desmentirme lo~ hombres sj afirmo que en 'ellas, son casi siempre fundados. Es que, lo repito, las leyes humanas y hasta las divinas, abru– man con su severidad inapelable a la mujer in.fiel, no sucediendo lo mismo con el hombré que falta a sus deberes de esposo. -207-

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