Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
VIII LA CHISMOGRAFIA De la soberbia, de la frivolidad, de la coquete– ría, de la envidia, de la pereza, del amor inmodera– do al lujo, de la hipocresía, nace la chismografia; pues la mujer orgullosa y vana, y la frívola y la co– queta, y la envidiosa y la hipócrita, y la qne rinde culto a la pereza, y la amiga del lujo y de la ostenta– ción, gusta de hablar mal de las otras mujeres, criti– cándolas acerbamente por los defectos que en reali– dad tienen, o achacándoles aquellos que en sí mis– ma no puede dejar de reconocer. ¡Y qué feo vicio, hijas de mi alma, es la chis– mografía y qué consecuencias tan terribles ·suele traer! Conocida es la gráfica comparación de la ma– ledicencia con una bola de nieve, que va rodando y agrandándose al mismo tiempo hasta tomar propor– ciones colosales, la que comenzó por el tamafío de un grano de pimienta. Así sucede que aquel que da una noticia, la escucha, después de haber pasado por los oídos y labios de diversas personas, tan alterada y aumentada que no la reconoce; pero si esto tratándose de cosas fútiles y que a nadie per– judican, no tiene generalmente otro resultado que _ -189-
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