Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

VII LA HIPOCRESIA No hay quienes hagan más daño a la religión, que los fanáticos y los hipócritas. Tienen ellos el triste privilegio de volver antipático y odioso, lo que es su– blime y ador.able. · Y, por más que me duela confesarlo, he de afir– mar que, son esos defectos, el fanatismo y la hipocre– sía, más propios de la mujer que del hombre, aunque el gran Moliere los encarnara en un personaje mascu– lino, haciéndolo protagonista de una de sus actrnira– bles comedias con el numbre de Tartufo, que es desde entonces, con el que se designa a ese tipo re-pugnante e inconfundible. La verdad es que por un Tartufo masculino, se tropieza a cada paso con diez Tartu fos hembras. Con más frecuencia es cínico el hombre que hi– pócrita. Suele vanagloriarse de sus vicios más bien que tratar de ocultarlos. Muchas veces es creyente, aunque aparenta lo contrario por una aberración de su espíritu, o mejor dicho, por una aberración de la sociedad en que vivimos, en la que está de moda ab– jurar de toda santa creencia; ·o, por lo que llamamos respeto humano, en fin. La mujer comprende instintivamente que a ella no le sienta bien esa expresión de descreímiento o --181- . ,,. • ✓

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