Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
CARTA PRIMERA Amado hijo mío: Comienzo hoy la dulce tarea que me he im- ~ puesto, de dejarte en estas páginas, - que escribo inspirándome en el inmenso cariño que t.e profeso, y después de pedir humildemente a Dios que ilu- mine con un rayo de su luz divina mi oscura ir:ite– ligencia, - una prueba evidente de lo que me ha preocupado tu suerte futura; pues adi vinandB, pre– sintiendo las luchas y los dolores que te águardan en la vida, puedo asegurarte que mi cora½ón ma- ternal ha sufrido yá con _ellos, antes de que sus dardos emponzoñados hayan alca.nzado a herirte. ¡Dolorosa prefigumción del cariño! Al realizar mi propósito, no siempre tendré, hijo mío, en C\;tenta tu tierna edad, puesto que mis advertencias van encaminadas, no sólo a instruirte hoy, sino también, y muy especialmente, a conso– larte y a fortalecerte mañana. Quiero, mi querido Carlos Adolfo, que a1 reco– rrer, cuando seas hombre y 1.iJ.Ue ya no habite yo el mundo, estas hojas, amarillas por el tiempo, encuentres en ellas como el recuerdo vivo d.8 tu madre, del sér que indudablemente halJrá sido el que más te haya amado sobre la tierra; que sean como una especie de sagrado testamento que mi alma deja a la tuya y que espero cumplirás con la religiosidad con que debe cumplirse siempre la - 13 -
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