Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
Psicología de la mujer mundo grande, el mundo verdadero, y que si corri– gieron su incipiente envidia hacia sus condiscípulas merced a Jqs sanos consejos y amonestaciones de sus preceptoras, sabrán corregirse a sí propias, después, cuando ya mujeres, sientan que se les ha introduci– do ese gusanillo en el corazón, respecto de sus ami– gas. Y para que no creáis vosotras, hijas mías, que peco de pesimista, os contaré el siguiente caso, de que he sido testigo presencial. Sucedió con una niña de diez años, a la que al– gunas de sus amigas de colegio habían ofrecido visi– tar, y la que el día sei:1a]ado para la visita, lejos de estar conte_nta, aparecía visiblemente inquieta y contraria,da; sin que ni su madre ni sus hermanas mayores, pudieran adivinar la causa de su fastidio. Cuando llegaron sus amigas, no las hizo pasar del vestíbulo a su modesta sala, y una vez que se despi– dieron e inquirió la señora el por qué de tal conduc– ta tan poco cortés: - ,,¿Cómo querías, mamá, que las hiciera entrar a nuestra sala, con los muebles tan pasados rle moda que tenemos, y sin piano?" - con– testó la chica,. conteniendo a duras penas las lágri– mas que una · necia vanid_ad hacía asomar a sus ojos. Tal respuesta sugiere por sí sola, múltiples y amargas reflexiones al pensador. Y es la primera, que esa infeliz criatura, cuando llegue a la edad de tomar estado, no se cuidará de . averiguar si el hombre que la pretende por esposa, es honrado, si es inteligecte y si es piadoso. Sólo averiguará si tiene dinero sufi– ciente para satisfacer sus caprichos, y una vez casa– da ¿quién podrá garantizar su fidelidad, si llega el caso de qu-e su marido empobrezca? ¿Quién podrá asegurar q ne se resignará a ocu1_)arse <le los prosai– cos, aunque santos deberes domésticos, ella queja– más se ocupó sino en fruslerías, y que ha tenido des– de niña una idea completam~nte errónea de los de– rechos y deberes que le corresponden? .... No resisto al deseo de c0piar aquí un admira– ble soneto del poeta mejicano Antonio Plaza, aun– que en él se refiere el escritor, a un tipo de mujer de ínfima clase social: -165-
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