Cartas a mi hijo : psicología de la mujer

Psicología de la mujer no supiéramos .que pueden .conducir a extremos trágicos. Tales niñas que se muestran constantemente emperifolladas en las calles y en los paseos públi– cos, no hacen sino una comida al día, para poder gastar en esos perifollos lo que debería servirles para el alimento cuotidiano. Otras hay que lucen trajes d9 seda y botas elegantísimas, mientras llevan la ropa interior, inclusive las medias, hechas una desdicha. Y esto no es una exageración. Sé de una ni– ñita, cuya madre no podía proporcionarle ropa blan– ca lujosa, que prefería ponerse la muy viejtt, ca– si inservible, que conservaba de tiempos mejores, porque estaba adornada con encajes, cuyos restos podían ver sus amigas, en vez de usar la nueva de tela basta y sin adornos. Y a pesar de ser menos frívolos, por lo gene– ral, los hombres que las mujeres, proceden de idén– tica manera, ciertos jovenzuelos que conozco, que prefieren llevar unas camisas deshilachadas yá de puro viejas, peró que han sido de clase superior, y unas medias que muestran el pie por numero– sos agujeros, pero que son de seda, a ponerse es– tas y aquellas prendas ordinarias, pero enteras. El saco y el botín encubren lo roto de camisa y me– dias y lo poco que dejan ver es fino y elegante, y quedan muy satisfechos la niña y los jóvenes de mis ejemplos, imaginándose que de tal manera ha- cen creer que son ricos. . ¿Qué significa esto, por Dios? ¿Hasta qué pun– to de tontería y de frivolidad hemos llegado? Pero pienso que no está toda la culpa en las p6rsonas que así proceden: mucha parte de ella ca– be, también, a la sociedad, más frívola y más ton– ta, que consiente, que autoriza este proceder; digá– moslo más claro: que guarda mayores considera– ciones, mayor respeto a la vana ostentación, que a. la juiciosa pobreza que no viste de oropeles. ·A esa frase "No sabemos ser pobres", agJte– garía yo esta otra: no sabemos estimar a los po- - 16'3 -

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