Cartas a mi hijo : psicología de la mujer
I r L. Larriva de Llona YQ.me explico de una manera muy natural esta impresión, como tú, hijo mío, también te la explica– rás. La mujer busca siempre urr protector en el hom– bre, aunque a las veces lo haga inconscientemente; y cietto jnstinto que preside a todos nuestros impul- • sos morales, como otro a nuestros actos físicos, le ad viert que es 1 ma) protector el egoísta, pues egóís– ta.s y de la peor especie, son, en resumen, el cobarae • y el avaro. _ .Por tanto, aunque aconsejándote que no fomer.i– tes de ningún mod·o la desordenada_afición al lujo, si la advirtieras en tu mujer, soy de opinión que no \ debes nu~ca, ni por ningún motivo.,. aparecer como mezquino a los ojos -de ella. Si eres pobre, deja a su --cuidado el gasto del dinero que ganes, o haz en su compañía la distribución de él y e5te será el mejor medio de que aprenda la ciencia de la economía do– méstica y de que soporte con resignación y pacien– cia todas las privaciones a que pudiera verse sujeta, puesto que le constará que es la fuerza de la necesi– dad y rio tu voluntad quien 8e las impone. Respecto del valor; es imposible -dar reglas ni hacer prescripciones a quien no ha sido favorecido por el Cielo con ese hermoso don; pero felizmente, para aquel que no siga la carrera de las armas, po– cas ocasiones se le presentan de poner a prueba tal cualidad, y además, en ciertos casos extraordinarios ... de 1~ existencia, pueden otras dotes que acompañan a todo hombre bien nacido, como el honor y el amor a la familia, hacer el oficio del valor y eso es todo lo que se necesita. El rlefecto de la irascibilidad, considerado por muchas personas, - sin duda de aquellas que no han ten"ido oeasión de experimentar sus efectos, - como de poca importancia, es, en realidad, uno de los más _ graves en la vida del hogar, y tanto, .qúe podría ase- , gurarte que las más bellas cualidades se anulan an– te ese vicio, del que son verdaderas víctimas todas las personas que rodean a un hombre de genio irri– table. ¿Y de qué sirve que el arrepentimif3nto si– ga casi inmediatamente a la · falta, - como suele -122- "°' I • .- •
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