Boletín de la Biblioteca Nacional N° 8
El donativo chileno a la Biblioteca Nacional A raíz del incendio de la Biblioteca Nacional, el gobierno chileno deseoso de intervenir en la reconstitución de la Biblioteca de Lima, tomó diversas medidas para llevar a cabo su propósito dentro de un vasto plan, que permitiera elaborar una colección en la que estuviera representada la cultura chilena en todos sus as– pectos y que al mismo tiempo fuese una muestra del progreso editorial alcanzado en ese país durante los últimos años. Para el efecto el Ejecutivo presentó a la consideración del Congreso el pro– yecto de un crédito por la suma de quinientos mil pesos chilenos ($ 500,000.00) que fué aprobado, promulgándose la Ley N9 7549 de 13 de Setiembre de 1943, autorizando el gasto de esa suma. Inmediatamente fué nombrada una Comisión presidIda por el Doctor Juvenal Hernández, Rector de la Universidad de Santiago y en la que actuaba como Secretario el señor Hé(!tor Fuenzálida, bibliotecario de la Universidad. Esta Comisión se entregó a sus labores con un cordial espíritu de amistad y se trazó el plan de reunir una colección de diez mil volúmenes debidamente em– pastados, y preparados con un riguroso criterio de selección. En la colección de– berían fIgurar no sólo autores chIlenos, sino las obras escritas sobre Chile o rela– cionadas con esa nación y también libros de autores extranjeros pero impresos en ChIle y que, en este sentido, fueran un índice del esfuerzo editOrIal dd país. Paralelamente a los trabajos de la Comisión, una serie de Instituciones y particulares expresaron sus deseos de ayudar generosamente a la Biblioteca de Luna. Uno de los primeros fué el señor Martinez Ferrari que donó un valioso conjunto de hbros de su biblioteca particular. Al mismo tiempo, y respondiendo a un üamado de la Comisión, personas pertenecientes a diferentes esferas sociales mamfestaron su propósito dei ayudar en la medida de sus fuerzas a los propósitos del GobIerno. Intelectuales, obreros, maestros y aún los niños de las escuelas entregaron volúmenes, muchos de ellos llevando sencillas pero conmovedoras dedi– catonas, que revelan un hondo sentido de la amistad hacia ei Perú. Primer envío de libros chilenos. Sin embargo el propósito' primordial del Gobierno chileno era que el pe– ríodo de preparación dd conjunto de libros que deberían enviarse a Lima no se prolongara innecesariamente. Como los trabajos de la Comisión marchaban en forma rápida se acordó remitir a Lima un primer 'lote de libros,' formándolo a base de los reunidos y que después de una conveniente selección se encontraban ya en– cuadernados. En esta forma se constituyó un primer grupo de 3,500 volúmenes listos para ser embarcados cOn destino al Perú. Al mismo tiempo, y con eJ objeto
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