Boletín de la Biblioteca Nacional N° 55-56

111 NECROLOGICAS FIDEL PAREJA LIÑAN (+ 21 de Setiembre de 1970) Durante 18 años la Biblioteca Nacional, en el Departamento de Consulta, contó con un funcionario eficiente, identificado con la tarea bibliotecaria; sereno, eminentemente bueno, cálidamente humano. Entre quienes laboramos en la Biblioteca Nacional hay bibliotecarios profesionales y profesionales futuros. Profesionales futuros son los jóvenes que cumplen una labor en la Biblioteca al tiempo que, esforzadamente, estudian una carrera. Fidel Pareja fue uno de esos jóvenes. Alternó su trabajo con su calidad de estudiante y aun con el ejercicio de una profesión. Culminó sus estudios con los títulos de Contador Público Colegiado, Bachiller en Ciencias Económicas y Administrador de Empresas. Ya estaba preparado para el doctorado en Cien– cias Económicas; era su paso siguiente. En el cargo de ayudante del depósito de la colección de libros extranjeros no catalogados, con el que se inició, participó en la instalación, registro y man– tenimiento de ese conjunto de 74,315 volúmenes. Ascendió, y era al partir defi– nitivamente, estadígrafo de la Biblioteca. Trabajo con dedicación e iniciativa características, tendiendo a tecnificar el sistema aplicado a la estadística, en la Institución. Esas fueron, sucesivamente, sus tareas normales. Pero, su preparación y su experiencia, su disposición gentil y su espíritu de colaboración, lo hicieron apto para participar - y muchas horas - en las labores de bibliotecario, hace tiempo escaso: atención a los lectores en los catálogos públicos; ayuda en la absolución de consultas y formación de bibliografías en su especialidad de Economía. Con las calidades de su trabajo es obligatorio mencionar su ecuanimidad, su rectitud que le conferían ascendiente sobre sus compañeros y que fue deci– sivo en momento crucial para la Biblioteca. Fidel Pareja, tan adicto, tan leal a la Biblioteca, a la profesión, unió su vida a la de nuestra colega Carmen Blossiers. Personalmente conservarnos el recuerdo del hombre, del amigo. Felizmente lo tuvimos, lo conocimos; percibimos su nobleza, su generosidad, su inteligen– cia. Profesionalmente, quienes le sobrevivimos, sabernos cuanto resta a nuestra eficiencia su ausencia. Olivia Ojeda de Pardón

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