Boletín de la Biblioteca Nacional N° 51-52

74 pero recordando la antigua amistad que lo unía con mi malogrado padre Don Antonio de lleuna. no lw temido ser ya importuno. al mandarle desde esta:-; pla– vas, mi cordial saludo. . Siendo hoy, Señor, Administrador del diario "El Internacional'', de esta ciudad y deseando conocer la verdadera letra de su anterior composición, dedi– cada á Don J. de San Martín, le suplicaría tubiese la bondad de mandarmela, pues no es creíble, para un limeño que lo conoce á Ud. como vó. tanto como aquí se dice, de élla. - El ~er peruano como ud .. señor, y el sentir el aprccw. que con justicia. todos por Ud. scnt imos. me sirve de suficiente disculpa en mi demanda. v con- fío en su amabilidad é hidalguía. en que élla. será atendida por Ud. . Al repetirle con placer. mis afectuosos recuerdos, le ruego que tenga pre– sente, Señor. que por muy honrado rne tendría, si me dispensara Ud. la grata oportunidad de incluir en los números del diario que administro, algunas co– rre~pondencias suyas. cuyo mérito, es tan conocido, y que son tan apreciadas. Saluda {¡ Ud. Señor. muy atentamente. su muy affmo. obsecuente S. A. de Revna. DE JOSE !\IARlA SAMPER Bogotá. Novbrc. '27 de 1886. Señor D. Ricardo Palma l,ima Mi estimado y distinguido amigo Meses há tp1e rccebi un papelito de Ud, en el cual me recordaba mi pro– mesa, hecha desde Santiago de Chile, de enviarle todas las obras mías que pu– diera. para la Biblioteca nacional de Lima, y de estimular aquí á mis compa– triotas á que hiciesen otro tanto con sus obras. :Me indicaba Ud. que me en– tendiese, para la remesa, con el General Capella Toledo. Confieso á Ud. que, si bien deseaba complacerle, por personal estimación. 110 me sentía muy ganoso de hacer cosa alguna en obsequio de la Biblioteca pe– ruana. No solamente conservaba recuerdos amargos de la mala voluntad con que muchísimos Peruanos hicieron coro en 1863 á las villanas injurias que el "i\fur– ciélago" me dirigió en ~u "Mercurio" durante seis meses, sin escampar un solo dia, sino que, cuando en 1883 llegué á la bahía del Callao. con el carácter de Ministro Plenipotenciario, tuve ocasión de sentir un injuria mayor. No solamente había olvidado yo todo agravio, sino que iba con el propósito, á virtud de ins– trucciones de mi Gobierno, de tomar grande interés á fin de que pronto se ce– lebrase la paz y se evitase Ja ruína total del Perú. Pero me ví condenado á in– justa cuarentena en la bahía, y habiendo dirigido al Gobno. una nota con ob– servaciones, no me contestó sino á los seis días, y haciéndome una burla; lo que me indujo á no saltar á tierra y seguir de largo mi camino, sintiendo heridas la dignidad de mi Gobierno y la mía. Poco después la prensa de Lima me injurió, con motivo lle mi diseurso de recepción en Santiago, que fue notoriamente con-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx