Boletín de la Biblioteca Nacional N° 51-52
I Años hace que mi voz ~e eleva para saludar el día más clásico de la hi,;– loria dfd pueblo. donde la mano de fo Providencia me 0 ciíalara un c~pa,...io para cuna y donde tal vez encontré mí cahe:w! postrero Independiente como el qiw mas. mi corazón juvenil se ha henchido de entusiasmo ante los recuerdos que el 23 de Julio despierta. Hijo de América he saludado al sol de Julio, al sol de la Libertad mi fede cri~tiano ha consagrado al santo de Israel un himno que vibra aun en lo más íntimo del corazón. Y hoy también se alza mi voz débiL pero sincera: porque ipatria mía! tengo fo y creo en el porvenir que los cielos te reservan; porvenir que será es– pléndido. corno lus bosques perfumados, inmortal corno tus Andes, cuyas cimera~ de plata penetran en el arrebolado Cirmamcnto, y en las que acaso posa su in– visible planta el genio benéfico que preside tus destino~. II Bajo el azul turquí de un cielo ~iempre sereno y magcstuoso, alentado por los rayos de un sol magnífico, alzábase un pueblo á la felicidad. Llanos de esmeralda cubiertos de florP:-< delicadas que abren sus corola;; ú lo:-; frescos besos del rocío, montes con entraúas de oro y plata que se destacan ('11 el espacio como gigantes de granito, lagos cuyos pacífico~ cristales apenas riza d murmullo de los céfiros; Panorama donde se hallan adunado~ 1 ida. esplendor y dicha, lal fué el im– perio de Manco. Ese pueblo amó al Ser Eterno en la luz y el Sol fué ;,;u divinidad. Y en verdad ;,no os habeis imaginado cuando elevais lÍ Dios el pensamiento y los ojo:; á la bóveda estrellada. que ese sol coronado de topacios. que esa dia– dema esplendorosa de la cual están suspendidos los azules cortinages del palacio de Jehová, no os habeis imaginado repito, que ese astro fecundanle es el brillo de su mirada. la huella de su grandeza? III Pero como despúíado torrente se presentaron los eonc¡uisladores y el Lá– baro de redención fué un manequi en sus manos. J\1ancharon con sangre sus 1·cs– Liduras y erigieron altares al becerro de oro. Y trás el escándalo que sembraron los (~ncargados de conducir á un mundo virgen la civilización cristiana consiguieron labrar pesadas cadenas. Ellos olvidaron que el rey Profeta ha dicho - En el mismo fo.zo que escondieron <JIU'· dará preso su pie. Y ese pueblo, aherrojado como rebaño de esclavm, no desesperó jamús. La esperanza es el alma del hombre. ;,Y qui{Sn ha dicho que no sea también el alma de los pueblos'(
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