Boletín de la Biblioteca Nacional N° 30

LA CAVSA ACADEMICA. J.cbtr. Pues que? no ha havido, y:ay grandts Corte5, y Crudadrs iluíl.res , en qur han florecido, y florecen in!I g nes Academias, no folo fin nora, fino con la mayor "c1~c· . tadon, y ~plaufo de todo el Mundo? Uempp E¡ verdad: Oiganlo las de los Lynceos 81 de Roma, dt· los Olyff picos de V 1ccnz.a. de los Ardientrs de ·Na poles, y ot1 a·s; y en Ja ·mHma Roma la~ tenia la R12yna Chdf • tinaJ afsiflida de los re1ehrcs Padres Cara~ ·neo, y Viey r a;en la mlÍ rna Na poi es la 1 n· dagauit,quc honro el grade Carsmueld4 de Tulio, iluíl:rada•dc:ttncó¡>~fable ·con• de Emanuel 1 heiauro; y entre todas la de Ja Eloquécia de París, fundada por el Car• <lenaJ de Richelieu; en que han florecido Varones fin guiares. ¿/cher. Pues es algun pecado el concurrir a ef. tos congreilosr· Menip. Si, Scúo-r~porque ya en d Murido fe co- meten vcdoi, y fe incurre en Tertulias• .ricber. Si fon, como los de «"íl~ hom bte 9uc cli- 2cs, no ay duda, que ion \'cdos c:rcrpru~dos, y (1ue no gozao de imtrunidad· en el Parnáílo. Pero por to d'cmas a· a,dódo tode le pena,no he viHo hafia aora c1í1igado al·~ guno por delico de Ac11dcmia. De·

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