Boletín de la Biblioteca Nacional N° 27

24 objeto de aprender a leer y escribir en castellano. En 1589 comenzó su carrera militar en Flandes, en calidad de paje del Conde Pedro Ernesto de Mansfeld, el cual pasados dos años le colocó de asistente del Ingeniero Mayor de aquellos Estados, que era nada menos que el célebre Francesco Pacciotto, Conde de Montefulco, a quien se deben los planos de numerosas fortalezas y la redacción del clásico Trattato di iortificazioni. En el segundo semestre de 1590 formó parte de las tropas que a las órdenes de Alessandro Farnese acudieron a socorrer a los católicos sitiados en París por Enrique IV, y luego pasó a incorporarse a la expedición capitaneada por Pedro de Zubiaurre sobre la plaza fuerte de Blaye, a orillas del Gironde. En esta campaña sufrió dos he– ridas : una en el brazo izquierdo, y un arcabuzazo en el muslo del mismo costado. Regresó luego a Flandes, donde sentó plaza en los tercios del Coronel Antonio de Zúñiga y del Capitán Antonio de Velasco. En esta oportunidad tuvo ocasión de recibir lecciones del famoso artillero Cristóbal Lechuga, a cuya pluma se deben tra– tados célebres sobre el arte tormentaria. A su lado estuvo Montero de Uduarte en la expugnación de las plazas de Capelle, Catellet y Doullens en Bélgica, así como en las de Cambrai, Calais, Ardres y Hulst en Francia. En 1594 viajó a Panamá, en donde permanecería seis años. Allí contrajo matri– monio con D~ Magdalena de Robles, viuda del Fiscal de esa Audiencia, doctor Antonio Messía de Mora. Cuando en 1596 Drake saqueó Nombre de Dios y pretendió infiltrar– se por la quebrada del Chagres, Montero de Uduarte integró la guarnición del fuerte "San Pablo de la Victoria", desde el cual fué rechazado el pirata, con numerosas bajas. Montero de Uduarte sustentó en esta misma ocasión dos soldados que com– batieron a su lado en todas las operaciones libradas contra el invasor. A principios de 1600 se trasladó al Perú, radicándose en Pisco, donde adquirió una sólida situación económica como hacendado y propietario de viñedos. Cuando se supo que el pirata Spilbergen navegaba en aguas del Pacífico, el Marqués de Mon– tesclaros le nombró el 13 de Julio de 1615 Capitán de Infantería y Sargento Mayor del Batallón del distrito de lea y Pisco. En este puerto dirigió la construcción de una empalizada de casi dos metros de altura, que con una extensión de unos dos kiló– metros y medio circunvalaba el casco urbano. Cada 33 metros de cortina se formó un cubo, con traveses y cancelas. Personalmente maestreaba las obras, explicando el procedimiento de asentar la tierra y la fajina. Hacia el exterior, la estacada iba peina– da con su escarpa sobre el fosete. Todo este trabajo se concluyó en el corto lapso de cuatro semanas. El parapeto se desmoronó con el terremoto de 1687 y en 1709 estaba completamente arruinado (Le Sieur Bachelier, Voyage de Marseille a Lima ... (París, MDCCXX), pág. 234). En 1616, por saberlo hombre práctico e inteligente en materia de construcciones militares, el Príncipe de Esquilache le mandó llamar para escuchar su dictamen en las consultas de guerra que se celebraron con los Generales Barreta, Aguirre y Cáncer. Parece que el Virrey abrigaba el propósito de encomendarle la construcción de las pla– taformas y fortificaciones del Callao, pero seguramente no fué de su satisfacción ninguno de los proyectos elaborados por !viontero de Uduarte. Al cabo de cinco años mudaría de parecer, pues el 26 de Abril de 1621 designó a nuestro personaje como Capitán de Fortificaciones e Ingeniero Mayor del ViiTeinato, aunque sin retribución, cargo en el que fué ratificado por el Marqués de Guadalcázar el 6 de Enero de 1624. De hecho, el Marqués de Guadalcázar depositó en Montero de Uduarte su más absoluta confianza, y así le mandó llamar para conferir con él sobre el problema de edificar un vasto complejo de fortificaciones en el Callao. Antes de salir de Pisco, restauró el murallón, cuya virtualidad quedó patente cuando los holandeses fueron rechazados con abundantes pérdidas. Hallándose ya en el Callao, a las órdenes del Virrey, cuando Lhermite soltó el brulote contra los barcos españoles surtos en la rada, fué él quien acudió a orientar la puntería de las culebrinas del fuerte ''San Francisco", cuyos disparos echaron a pique dicho artefacto incendiario, que explotó frente a Boca– negra. El 11 de Enero de 1625 el Marqués de Guadalcázar le confirió el cargo de Comi– sario de Ja construcción del castillo de "San Felipe de los Pozuelos", con atribuciones para ajustar al personal, que constaría de un maestro mayor de obras, seis sobrestan– tes, doce oficiales de albañilería y 120 jornaleros. Tanto en esta obra, como en !a del

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