Boletín de la Biblioteca Nacional N° 2
La Escuela de Bibliotecarios La fundación de una Escuela de Bibliotecarios por primera vez en el Pe~ rú hace tal vez necesaria la publicación de algunos conceptos que le sirven de fundamento. En primer lugar, es importante hacer resaltar que este plantel no prepara eruditos, historiógrafos u hombres de letras. Tal misión está en~ comendada a la Facultad de Letras y Pedagogía y no se pretende duplicar~ la aquí. Tampoco se trata de crear una entidad post-universitaria, como el Colegio de Francia, que el Perú bien necesita, por lo demás; algo así como 10 que es la Escuela de Guerra en relación con los egresados de la Escuela Militar. Ni siquiera se intenta producir bibliógrafos; esto es un asunto es~ trictamente individuaL de capacidad. de vocación o de experiencia. Lo que pretende la Escuela de Bibliotecarios simplemente es entrenar a empleados de bibliotecas. Más en concreto, hablando del caso actual, la Bi– blioteca Nacional abre unos cursos para sus posibles empleados y por un ges– to de cortesia invita a algunas bibliotecas interes.adas de la capital o de pro– vincias para que envíen a estas clases algunos de sus propios empleados. Nada más lógico, pues, que la misma Biblioteca Nacional organice dichos cursos que. en forma tan directa le afectan. La Biblioteca Nacional, en reconstrucción, hubiera podido legitimamen~ te designar su nuevo personal según las formas usuales de hacer los nombra– mientos en las reparticiones administrativas. Por acto espontáneo y delibe– rado, no quiso proceder así. Voluntari,amente prefirió erigir una escuela pro– pia para la técnica bibliotecaria. Y convocó por avisos que se publicaron en los diarios a todos los interesados no sólo en Lima sino en todo el país. Cerrado el plazo de admisión el 20 de noviembre último, se tomó nota de 305 solicitudes para 25 asientos de alumnos en la Escuela.. Debían ser limitados esos asientos porque en planteles de esta cIase la instrucción debe ser lo más individualizada posible y porque hay que tomar en cuenta, el sa– lón de clase. los asientos, las máquinas de escribir, los libros de texto, etc. Los asientos para empleados de Bibliotecas fueron reducidos a diez se~ gún una Resolución Suprema y tres correspondieron al Ministerio de Edu– cación. Los siete restantes fueron de: la Biblioteca Central de la Universi– dad Mayor de San Marcos, la Facultad de Medicina. la Escuela de Inge– nieros, la Universidad del Cuzco, el Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe. el Colegio Nacional de Mujeres Rosa de Santa Mar:ía, y la Es– cuela de Servicio Social. El plan de estudios de una Escuela de esta índole tiene hoy pautas pre~ determinadas. La experiencia ha rechazado aSIgnaturas que no resultan esenciales para la preparación de empleados de Bibliotecas y ha impuesto, en cambio, otras. Poco es lo que se puede variar a este respecto. El plan de la Escuela de Lima en este sentido no difiere básicamente de los planes puestos en práctica en los intentos anteriores de Escuelas análogas en Bogo– tá, Sao Paulo y Montevideo.
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