199 Decreto 7144 del Poder Ejecutivo Nacional, 13 de mayo de 1955. 200 He discutido la reforma de la burocracia cultural durante el peronismo en Fiorucci, 2011 (pp. 29-63). 201 Sobre el papel de Groussac en la Biblioteca Nacional, véase Bruno, 2005. 202 La fundación de la Subsecretaría de Cultura se insertaba en una reforma burocrática de mayor envergadura: la separación de la administración de justicia y educación. En un principio, la creación de esta institución debe ser vista como una ruptura importante en torno al modelo de Estado, en tanto implicaba la formalización de la intervención pública en el área cultural. No obstante, la Subsecretaría de Cultura tuvo efectos limitados, ya que, al igual que la economía del gobierno peronista, tuvo periodos que fueron de la expansión a la crisis. En 1950 la Subsecretaría fue rebautizada como Dirección de Cultura y se nombró como director a José Castiñeira de Dios. 203 Al principio de su gestión, en 1931, había 265 899 volúmenes; en 1952 la Biblioteca contaba con 651 186. 204 Libro de Correspondencia de la Biblioteca Nacional, Archivo Institucional de la Biblioteca Nacional, tomo I, 1951. 205 En el momento en que Martínez Zuviría realiza este comentario, el estatus rebajado de la ficción y de la lectura placentera no gozaba del mismo consenso que a principios de siglo. Las novelas eran incluidas en colecciones «serias» cuya selección era realizada por intelectuales que depositaban en los libros esperanzas transformadoras. Tal es el caso, por ejemplo, de la editorial izquierdista Claridad (véase Romero, 1990, p. 52). Para una lectura general sobre la industria del libro y la difusión de la lectura, véase De Diego, 2006, especialmente las pp. 91-123. 206 En ambos casos, estos números eran menores, porque muchos de estos usuarios concurrían más de una vez al año a la institución. 207 «No es posible en la actualidad, dado el progreso que han alcanzado los conocimientos y la enorme difusión del libro, intentar una catalogación cuidadosa y responsable sin contar con el personal capacitado para efectuarlo» (Martínez Zuviría, 1947, p. 82). 208 Falta todavía un estudio de la profesionalización de la figura del bibliotecario en el país. Signos de la gradual profesionalización vivida en la década aquí estudiada son: los avances que se dan en esos años en la enseñanza de la bibliotecología, por ejemplo la instauración de un cursillo bibliotecológico en la Universidad del Litoral; la instauración de un decreto que estipulaba que para ser nombrado en las bibliotecas dependientes del Consejo Nacional de Educación había que poseer el título otorgado por la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires o por la Escuela del Museo Social; la organización de varios congresos y, por último, la creación en 1953 de la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la Argentina. El hecho de que los cargos más codiciados en el mundo bibliotecológico —el de director de la Biblioteca Nacional y el de presidente de la CONABIP— no eran ocupados por bibliotecarios de carrera revela hasta qué punto la profesionalización continuaba siendo precaria. Al ser —como la docencia— una profesión ejercida mayoritariamente por mujeres, este proceso se relaciona estrechamente con la entrada de la mujer al mercado de trabajo. Para una rápida revisión 321
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