24 A decir de Chartier (1994) “Gracias a la difusión de los catálogos, el mundo hermético de las bibliotecas singulares puede transformarse en universo infinito de libros situables, inventariados, frecuentados, consultados y, eventualmente, prestados.” Chevalier menciona: “Los inventarios de bibliotecas particulares son documentos imprescindibles y documentos privilegiados para edificar una historia de la lectura y de la cultura.” (Chevalier, 1976) Revisando la historia de las bibliotecas, encontramos que los catálogos de biblioteca, hasta bien entrado el siglo XIX, se elaboraban en forma de libro impreso, luego evolucionaría hacia el catálogo de fichas. Entre las ventajas de la época, el formato libro impreso ofrecía la facilidad de distribución y consulta por numerosos usuarios en varios lugares geográficos dispersos simultáneamente. “Sin embargo tiene un serio inconveniente que viene de la dificultad de su actualización, ya que no permite la intercalación regular de las obras a medida que se van ingresando en la biblioteca. De modo que la actualización sólo puede ser llevada a cabo con suplementos, pero en series diferentes”. (Universidad de Salamanca) “El objetivo era invariablemente patrimonial; no se contemplaba la recuperación de información sobre los recursos que componían la colección como una función que debiera cumplir el catálogo” (Spedalieri, 2006) Entonces, en la actualidad, ante la dificultad de usar los catálogos impresos antiguos como herramienta de recuperación, debido a los puntos de acceso limitados, su lectura debe ser la de un inventario del patrimonio de la biblioteca en determinada época. En el Perú se observa que, tempranamente, a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, clubes sociales, como el club Nacional y el club de La Unión, poseían bibliotecas organizadas con catálogo impreso. Igualmente, sociedades científicas como la Sociedad de Ingenieros y la Sociedad Geográfica de Lima.
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